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20 ago. 2012

"La Miss de Chocolate" by: El Nacional con Irene Esser, Miss Venezuela Universo 2012.


EL NACIONAL TODO EN DOMINGO - DOMINGO 19 DE AGOSTO DE 2012 TODO EN DOMINGO/16

En Portada

LA REINA DEL CHOCOLATE

Criada entre playas y tepuyes, heredera de una fábrica de chocolates, Irene Esser no duda en dictar cátedra cuando se trata de ensalzar las virtudes del cacao nacional. La actual Miss Venezuela ­actriz y surfista­ desgrana aquí su vida mientras se prepara con ahínco para su participación en el Miss Universo



Magaly Rodríguez mrodriguez@el-nacional.com 

Fotografías Francisco Fernández francisco2fphoto@gmail.com 

Vestuario Tienda Adolfo Domínguez / C. C. Líder Maquillaje y estilismo Eibar Caraballo (0412)811 6745 

Agradecimientos Yuraima Quintero / Quinta Delta www.quintadelta.com



Chocolates Paria comenzó a crecer, a la par de las ganas de la niña de ser actriz. "Mi hermano y yo hacíamos tours guiados sobre el cacao para los turistas. Abrimos un caminito que atravesaba la plantación y escogíamos las matas con las flores y los frutos más bonitos para explicar cómo se procesa. También vendía collares con cacaos que tallaba yo misma de cualquier palo que me encontrara". La chica se graduó de bachiller y se fue a Inglaterra a vivir con sus tíos para estudiar inglés. No tardó en causar sensación con las galletas, brownies y tortas que hacía para vender con los chocolates que su familia le enviaba. 

Cuando se le pregunta dónde radica el éxito del cacao venezolano, Esser se activa sola. "Hay muchas razones, pero para mí tiene que ver con las tierras", expone. "Aquí se cultivan varios tipos. Uno es el forastero, que es alargado; otro es el criollo, que es enorme y tiene la punta redondeada. En la misma planta puedes tener frutos de distintas variedades según el polen que traigan los insectos. Es difícil conseguir cosechas completas de un solo tipo, a no ser que lo cultives controladamente en un vivero", ilustra. "Un chocolate `apropiado’ se prepara con su propia manteca de cacao. Mientras menos aditivos tenga, mejor". Se desgrana explicando el proceso de tostado, la fermentación, las etapas de los aromas. "Si quieres que cambiemos de tema, me tienes que parar", se ríe. "Puedo hablar de esto por horas". 


Eres bella, firma aquí. 


Bastó que alguien le dejara una tarjeta con el sello del Miss Venezuela durante unas vacaciones en Río Caribe para que retomara la ilusión de coronarse y detuviera sus estudios de actuación en Inglaterra. En octubre de 2011, Miss Sucre se convertía en la más linda del país. "Lo he asumido con disciplina, compromiso y responsabilidad. Soy muy competitiva y puse las tapitas de mis tacones en ese escenario para ganar". De su reinado revela que extrañará la empatía popular. "Tengo la cartera llena de estampitas que me regalan en la calle. Me dicen: `qué bonita eres, Dios te bendiga". 

Su preparación para el Miss Universo ­aún sin fecha ni sede­ la ocupa de sol a sol. "Se trata de aprender a ser la señorita más hermosa de tu país con todas las herramientas que puedas y representarlo con inteligencia y gracia. Aparte de traerme la corona, quiero que todos se sientan muy orgullosos de mí por haber hecho un buen trabajo. Yo llegué aquí porque eso fue lo que Dios quiso", sostiene con la naturalidad monárquica de un Borbón o un Hannover. Lo que no tiene es arrogancia. 

"Me siento muy normal. Soy tan bonita para mi familia como cada muchacha es para sus padres cuando se la imaginan como una futura Miss Venezuela. No importa la situación en la que estés o si otros tienen mejores recursos que tú, y no creo tampoco en la belleza simétrica. La belleza es un conjunto de cosas, y la más importante es la actitud". 

Antes de concursar, admite que llegó a pensar que las misses eran plásticas. "Pero honestamente no he conocido a ninguna que lo sea. 

Yo no lo soy. No he cambiado y no quiero perder mi esencia. Me siento segura para el Miss Universo porque soy igual en todas partes, no tengo una careta que pueda caerse. Mientras más aprendo, más lejos quiero llegar". Lleva la vida como asume el surf. "La ola más grande no siempre es la que más te conviene, así que observo mucho primero, luego actúo y después disfruto al máximo el momento", asegura. 

"Creo en la suerte y creo en el destino. Creo que he tenido la suerte de tener un buen destino". Lo del castillo es accesorio. 




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