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14 ago. 2011

MISS VENEZUELA UNIVERSO 2010;VANNESA GONÇALVEZ. en revista "TODO DOMINGO"


A pocos días de lanzarle el anzuelo a una posible nueva corona de Miss Universo para Venezuela, el lunes 12 de septiembre, en Sao Paulo, la odontóloga Vanessa Goncalves define su propia dentadura como "perfecta, espectacular, hermosa y envidiable". La ex estudiante del colegio San Luis de El Cafetal revela algunos de sus truquitos de belleza y dice que se siente mucho más cómoda con el cabello castaño en vez de rubio, "aunque lo que dice Osmel Sousa es palabra santa"

Misses de misses. De las ganadoras del Miss Venezuela de años recientes, algunas son más recordadas que otras, en buena medida porque han seguido esparciendo escarcha en pantallas o portadas: Mónica Spear (reina en 2004), Mariángel Ruiz (2002), Ly Jonaitis (2006), Veruzka Ramírez (1997). Otras han optado por el bajo perfil y, como tubérculos, hay que escarbarlas con pala en la memoria: Martina Thorogood (1999), Denyse Floreano (1994) o Jictzad Viña (2005). Las que han ganado el Miss Universo, por supuesto, se han garantizado la inmortalidad, desde Maritza Sayalero a Stefanía Fernández, pasando por Irene Sáez, Bárbara Palacios, Alicia Machado y Dayana Mendoza. ¿A qué lote pertenecerá Vanessa Andrea Goncalves? La descendiente de inmigrantes de Madeira, de 25 años de edad y por momentos con cierto aire durante la sesión de fotos a la caprichosa villana rubia Mia Colucci de la telenovela juvenil mexicana
Rebelde, es consciente de que,
hasta ahora, no es la más popular: "En el Miss Venezuela 2010 nunca brillé. Miss Miranda nunca aparecía entre las favoritas. Pero cuando llegó la gran noche en Maracaibo, fue mi noche. Estaba totalmente relajada, lo único que quería era mostrarles a mis familiares cuánto había aprendido durante aquellos meses como candidata. Por eso creo que la clave en Sao Paulo será no inventar.
Seré yo misma. Cuando más forzada eres y más tratas de llamar la atención, luces más sobreactuada", dice la chica que respondió que "una mujer no tiene por qué ponerse límites" cuando, el año pasado en la ronda de preguntas en el Palacio de los Eventos, Viviana Gibelli le preguntó qué profesión no debería ser ejercida nunca por una dama.
Su temperamento es práctico. Vanessa, una odontóloga graduada sin experiencia en modelaje o concursos que fue convencida por el entrenador Richard Linares para que participara en el Miss Venezuela 2010, tiene un cable a tierra y tiende a hacer simple lo que otros complican. "Yo era la peor en las clases de pasarela de Gisselle Reyes. La peor, de verdad. Imagínate. No sabía ni siquiera dar un giro como lo hace una miss. Gisselle me preguntó: `¿Miranda, pero de qué agencia de modelaje saliste tú?’ Y yo le dije: `Yo vengo de mi casa’. Y fíjate, fui la ganadora del concurso. ¿Cómo mejoré? Con clases intensivas. Yo soy muy mecánica. Tú me dices: `apunta el dedo gordo del pie allí, sube la cadera así o pon la cara acá’, y yo lo cumplo. Así es que aprendo. ¿Que si me imaginaba que era una pantera? Para nada, ahí no había ningún aprendizaje mental.

Por supuesto, después le pongo mi toque personal, porque no todas las misses que han recibido clases de Gisselle caminan igual, ni todas tienen la misma actitud o ímpetu. Pero creo que no hay nada que yo no pueda aprender". Por ejemplo, a ganar la séptima corona para Venezuela en la histórica edición número 60 del Miss Universo, la noche del lunes 12 de septiembre en Sao Paulo.

Un look más fresco.La preparación para el Miss Universo de Vanessa ha incluido pruebas con varios colores de cabello. "Lo que pasa es que se busca un tono que registre bien no sólo en fotografías, sino también para las cámaras de televisión y en persona. Por eso se han visto esos cambios tan drásticos y con tantas tonalidades. Además, cuando me lavo el cabello se me va aclarando y entonces hay que volver a retocarlo. Yo soy castaña. Me siento feliz con mi cabello castaño, estoy más cómoda, soy más yo. El look de rubia me lo pusieron con la banda de Miranda, ya en el Miss Venezuela, y así gané.

Son estrategias de Osmel Sousa.

Él es el zar de la belleza y lo que Osmel diga es palabra santa".

"Quizás la única en el pasado que ha tenido una relación más cercana con Osmel ha sido Dayana Mendoza", revela José Rafael Briceño, profesor de oratoria del Miss Venezuela.

"Vanessa dice que ha encontrado un abuelito en el presidente del concurso de belleza y jurado del concurso de televisión Nuestra belleza latina.

Quizás es porque ambos son de descendencia portuguesa o por esa tendencia natural a la disciplina que tienen los dos, pero se ha dado una afinidad muy fuerte. Osmel la ha recibido a ella en Miami y la ha llevado a pasear y de shopping como si fuera su nieta.

Hay otros rasgos destacables en Vanessa, como su entereza: por ejemplo, durante su preparación para el Miss Venezuela, tuvo que encarar la muerte de su tía más cercana, algo que fue muy doloroso para ella, pero siempre siguió adelante.

Es muy metódica y organizada.

Osmel le ha recomendado que no abuse tanto con algunas rutinas en el gimnasio porque se pone demasiado musculosa, pero entonces ella llega y dice: `Lo siento, pero tuve que hacer ejercicios’, con la misma cara de quien se comió una torta de chocolate".

La odontóloga que estudió de niña en el colegio San Luis de El Cafetal confirma que ha tenido que poner freno a su acondicionamiento físico: "Mira mis abdominales. Mira los cuádriceps y los femorales.

Estoy muy marcada. Tiendo a desarrollar mucho músculo, y Osmel quiere suavizarme. No estoy levantando pesas, sino que estoy haciendo 45 minutos de cardiovasculares. Y como tengo una sesión de fotos en Miami antes de ir a Sao Paulo, suprimo por completo los carbohidratos en estos días. Pura clarita de huevo y esas cosas.

Como buena hija de europeos, tengo el traserito un poco voluptuoso. Ahí está mi punto débil. Es donde más tengo que trabajar. Yo no engordo ni me sale barriga, pero todo lo que como se me va para allá atrás".

Durante la sesión de fotos, pide un favor de manera encarecida: nada que le destape demasiado la frente. "Nada de cabellos prensados con laca y gelatina, yo estoy en contra de eso", explica luego. "Quiero un look más fresco. Algo así como un `despeinado que esté peinado’. Liso me gusta, pero no para el Miss Universo. Me gustaría verme al estilo Victoria’s Secret, y que lo único que me falte sea las alas. Osmel Sousa me llevó a la tienda Casablanca de Miami a escoger ropa y me pude dar, por un día, la vida de millonaria que nunca tuve. Con él busqué muchísimo color: azules, verdes, amarillos. Vestiditos muy cortos, que se viera mucha piel, mucha sensualidad. ¿Que si me siento cómoda así? Claro que sí. No soy una mujer clásica. Pero tampoco una súper moderna. Si me pusieras a elegir, me gusta el estilo de la marca BCBG, o de Gap. Todo lo que sea veraniego, tropical, latino".

Debutante en el "Maqui Club". Durante seis años, cuando era estudiante de Odontología, Vanessa se amarraba el cabello en una cola y salía prácticamente a cara lavada, pero con la sagrada excepción de la regla: un poco de rimmel. "Me siento feliz sin maquillarme, pero siempre me ponía alguito en los ojos: son mi gancho. Ahora es igual: incluso cuando voy al gimnasio, me gusta que mis ojos estén puyúos.

Quiero matar a la gente con la mirada, je je. Amo mis clases de maquillaje. Desde que aprendí a maquillarme en la quinta Miss Venezuela, soy la mujer más feliz del mundo. Luego de tanto tiempo como estudiante en el que no le paraba a eso, ahora me he dado cuenta de que maquillarse es lo más desestresante del mundo.

Después que el estilista trabaja conmigo, yo hago mi propio arreglo. En la simplicidad está la belleza: en maquillaje, menos es más. Necesito una buena base porque tengo pecas, para emparejar la piel. Colores claros en mis labios, como de almendra, o en todo caso un brillito. Una sombrita. Un buen lápiz negro me favorece mucho porque hace saltar el verde de mis ojos. Unas buenas pestañas rizadas y creo que estoy lista".

No es modesta con su dentadura: "Es perfecta, espectacular, hermosa y envidiable.
¡Imagínate! Si no fuera así, entonces yo sería una muy mala profesional de la salud. Voy cada tres meses al odontólogo, me blanqueo una vez al año, soy obsesiva con la higiene bucal, en mi cartera nunca falta un cepillo y crema. A los 16 años me quité las cordales y también los premolares, porque tengo poco espacio en la boca. Para el Miss Venezuela, mi odontólogo me alargó los dientes laterales con un poquito de resina, porque los tenía un poco pequeños". Para Vanessa, nada es un sacrificio, todo lo observa con la frescura de un debutante. Por eso se horroriza ante aquel precepto de peluquería que reza que la belleza duele: "¿Quién te dijo eso? ¡Por Dios! Aquí me viste en la sesión de fotos, bailando y gozando un puyero. Me siento totalmente cómoda desde que entré al Miss Venezuela. ¿Quién quiere ser modelo para sufrir? Apenas experimente el mínimo sufrimiento, me retiro. El sufrimiento no es vida".










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